MI MADRE. Richard Ford (Relato de terror)

by Silvia Bardelás on June 10, 2010

jpg_richardford_2_grandeMi madre
Richard Ford
Traducción: Marco Aurelio Galmarini
Editorial Anagrama

No sé si sabré explicar mi lectura de este libro. Me ha pasado otras veces, asistir a un texto en el que aparentemente el autor no se da cuenta de lo que ha escrito. (Puede que sí y que haya buscado eso) pero no lo creo.

Lo primero que me impresionó fue el título: Mi madre. Pensé que era demasiado infantil, que me recordaba a las odiosas redacciones del colegio. También me pareció demasiado corto, con las tapas duras y el papel demasiado grueso para dar algo de presencia. Por eso pensé que en realidad querría contar algo muy concreto, que sabía muy bien lo que quería contar.

Y ahí es donde está lo curioso. Efectivamente en mi lectura encontré algo muy corto y concreto que contaba: CULPA, sin embargo él parecía convencido de estar escribiendo exactamente lo contrario.

Nada más empezar, el primer schock se produce por el tono. Alguien contando a su madre con frialdad extrema, fecha y lugar de nacimiento, características físicas, ni siquiera propiamente una descripción, relación de datos afectivos, abandonada, ninguneada, como si fuera lo más normal, encuentro con su marido donde se empeña en dejar claro que era un gran amor y lo único que siente el lector es una vida triste y oscura. De hecho hay un momento de la lectura en el que los Estados Unidos de América aparecen como un lugar tétrico lleno de alcoholismo, abandono, frustración, incomunicación, aislamiento y todos los conceptos por otro lado tratados en los grandes relatos de los años cincuenta. Ahí se desenvuelve la infancia del autor, que aparece como un niño impertérrito, que aguanta lo que le echen, que ni siente ni padece aunque repita doscientas veces que quería mucho a su madre. Y la vida de la madre, terrible, perdida, sin horizonte, sin ni siquiera posibilidad de horizonte, acaba por mantenerse en un régimen de visitas agradables y conversaciones cortas de teléfono donde uno no quiere molestar al otro.

Hasta aquí el lector está desconcertado, no es una obra narrativa, es como la biografía que haría un médico para contextualizar la enfermedad.

Y aparece la enfermedad y entonces, ya el lector sabe que está a punto de descubrir por qué se ha escrito ese libro tan raro y aumenta el ritmo, más ir y venir, más llamadas, por fin y digo por fin porque el lector respira al comprobar que el autor va a convertirse en un ser humano y va a cuidar a su madre, cuando de repente aparece una mostruosidad, y aquí es donde creo que sí él es conciente aunque no quiera reconocerlo, la mira a los ojos, le ofrece asilo, ella brilla y de repente, con una excusa barata decide dar marcha atrás y ella también y pierde el brillo y acelera su muerte, todo muy digno, con pocas palabras, con una austera despedida en un aeropuerto, la madre con enfermedad terminal con el cuerpo lleno de dolor y él cuando la dejé en la puerta de embarque del aeropuerto volvió a llorar de pie, mirándome mientras me alejaba por el largo corredor y saludando con la mano. Y cuando el lector piensa que ha llegado al momento culminante donde él se confiesa culpable cierra el libro: Ella sabía que yo la quería porque se lo dije bastantes veces. Yo sabía que ella me quería. Esto es lo único que ahora me importa, lo único que debe importar.

Terminando ya, no hay nada más que contar: Mi madre y yo nos parecíamos. Más bien llenitos, la frente alta, el mismo mentón, la misma nariz. Hay fotos que lo demuestran. En mí la veía a ella, incluso la oía reir.

Es la mejor novela de terror que he leído, el discurso construido con tanto cuidado y transparentando lo que tenía que ocultar.

Biografía de Richard Ford

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1 David Sánchez Rueda June 11, 2010 at 09:21

La verdad es que yo la leí centrándome en alguien que intentaba recordar con cariño a su madre porque no aguantaba la pérdida, yo me quedé con la idea de que la madre era muy independiente y no quería que la cuidasen, pero ahora que veo tu lectura puedo decir que sí, que si no lo lees literalmente, te quedas congelado.
Gracias po ofrecer nuevas lecturas.

2 Gin Tonic June 13, 2010 at 21:45

Menudo pájaro …
Quererse se quiere mucho, pero la culpa no se la quita nada ni nadie… Es lo que tiene no estar a la altura de tus afectos

3 Silvia Bardelás June 13, 2010 at 23:12

La idea de NO ESTAR A LA ALTURA DE TUS AFECTOS me parece buenísima. Habría que tirar de este hilo. ¿Puedes sentir mucho amor y a la vez no ayudar al que amas? ¿Es el mismo amor el que necesita la distancia que el que está día a día? ¿Nos engañamos tanto en nuestro afectos? ¿Puede que pensemos que queremos mucho a alguien, pero nuestros hechos nos muestran que no?

4 Fabián June 15, 2010 at 13:14

Contesto Silvia a tus preguntas: no, el amor busca permanentemente el encuentro, si y no.

El hilo del que nos propones tirar, respecto de no estar a la altura de tus afectos que nos dice Gin Tonic, es mejor dicho una cuerda de bramante, por la verdad que encierra. Casi siempre es así, no somos capaces de estar a la altura, porque el amor es un don y nosotros sólo una dádiva… cuando lo somos.

5 Silvia Bardelás June 16, 2010 at 08:49

¿Que el amor sea un don significa que no nos pertenece, que no lo controlamos, que nos supera, que nuestros actos van siempre detrás de él sin llegar nunca a alcanzarlo? ¿Por qué unos ponen más empeño que otros en perseguirlo?

6 Fabián June 17, 2010 at 17:12

El amor es un don que casi nunca conseguimos controlar, que nos supera, que muchas veces nos empeñamos en ir tras él, en perseguirlo; pero el amor sobretodo nos pertenece.

Ese es el drama, es algo que se recibe sin saber por qué, que es gratis y muy difícil de administrar… porque la única manera de administrarlo es hacerlo sin medida. Sin medida es sin esperar, pero sobretodo sin desear nada a cambio.

Y si vamos detrás de él no se llega nunca alcanzar porque está dentro, y si lo queremos perseguir vamos tras una quimera que nunca estará cerca del amor.

Tengo hasta las pestañas encogidas con la mitad del librito de R. Ford, mañana escribiré más cuando lo tenga terminado.

7 Rosa Burillo June 30, 2010 at 11:37

Qué más quisiéramos que estar a la altura de nuestros afectos, pero eso es pedir tanto como que seamos perfectos y, me parece que es esa frustración de no ser más que lo que somos, “una calamidad” que decía Agustín García Calvo, la que nos produce una culpa desproporcionada que acarreamos como una losa _me temo que todos.
En la medida en que estamos bien podemos ser más generosos, amar, por eso creo que hay que cuidar lo de estar bien con lo que realmente somos. Es lo que tiene la perfección, una exigencia que te frustra todo el tiempo. En fin. Es la vida. Pero está bien ser conscientes de ello.

8 Rosa Burillo June 30, 2010 at 11:45

Se me ocurre otra idea en la misma línea. Lo que nos han contado que debemos hacer: “amar al prójimo como a uno mismo….”, como a uno mismo pero no más, interpreto yo. Uno no puede ir contra sí mismo y estar con la madre tiene que ver con eso, supone un esfuerzo tal que va contra ti mismo, contra la ley de vida que es tu necesidad de crecer “sin madre”. En muchos casos el sentimiento de culpa tiene un gran porcentaje cultural, culpa social, diría yo. Te mata no ayudarla, pero te matas si la ayudas…

9 Silvia June 30, 2010 at 16:03

Está muy bien lo que dices de como a uno mismo, en el caso del libro es que se ve a las claras que se quiere a sí mismo mucho más, pero tampoco, porque no se quiere, es algo muy gris lo que transmite, dejar que las cosas sigan su curso sin tomar ninguna decisión. Dejar a una madre terminal en un aeropuerto y despedirla muy sentimentalmente me parece una imagen terrorífica, sobre todo cuando el narrador y protagonista lo cuenta como si fuera algo que le pasa sin más, como darte un baño en la playa.

10 Rosa Burillo June 30, 2010 at 17:10

¿Qué crees que quiere transmitir, que las cosas pasan porque pasan, que somos así de golfos?, ¿todos? Si no me contestas voy a tener que leerme el libro. Es un tema que me interesa mucho…

11 N.O.Z. July 1, 2010 at 09:21

Muchos creen que el destino es una fatalidad, que no se puede hacer nada por cambiarlo… que tenemos en la frente escrito lo que será de nosotros y hacia ello avanzamos inexorablemente, del mismo modo que el río termina en el mar.

Solo así se entiendo la obra de Richard Ford. Pero no es verdad.

Tenemos voluntad para elegir, y, cuando tenemos capacidad de amar, también tenemos la posibilidad de ejercitarla o no. De amar o de no amar.

“Como a ti mismo” nos dice Rosa y me parece que eso ya lo había leído yo antes en algún sitio; pero a continuación añade: “Te mata no ayudarla, pero te matas si la ayudas…”. Lo que te mata es la inanición, lo que te mata es la despedida; o mejor dicho, eso es lo que te hace ver que nunca has vivido, y que nunca vivirás.

12 Kingeorgearthur November 8, 2011 at 18:04

Yo dejé a mi madre con enfermedad terminal, me quedé sin trabajo y me fuí en busca de mejores oportunidades a otra ciudad, no sabía si ella estaría mucho o poco tiempo con nosotros y pensando en que sería mucho… me fui. Cada que regresaba a visitarla, me pedía que volviera y yo nunca accedí, solo duró con vida cuatro meses después de mi partida, hoy en día a pesar de que siempre le dí amor, de que ella y yo sabíamos que nos amábamos, me siento triste y dolido por no haber estado con ella el tiempo en que mas me necesitó, no sé si algún día pueda superarlo, día con día lo intento, vivo, disfruto de la vida, pero cada que la pienso, vuelvo a sentir la tristeza y el dolor de haberla abandonado, la amo y ella sabe que asi es aunque ya no esté conmigo.

13 KIngeorgearthur November 8, 2011 at 18:16

Siendo que este espacio es para la comenta del libro de Richard Ford, al leer los comentarios me despegué de esta logística y mi primer impulso fué la necesidad de escribir, tal cual así lo hice. Muchas veces no está en nosotros el poder estar a la altura de nuestros afectos, mas bien creo, que es algo que nos sobrepasa, mas sin embargo, creo que en la medida en que nos damos la oportunidad de observar las necesidades afectuosas de los demás y las oportunidades que tenemos de cubrirlas, en la medida en que las cubramos es como estaríamos más a la altura de nuestros afectos.

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