LA MIRADA DEL PEREGRINO. Matshuo Bashó
Como Chikusai,
loco de poesía, acuchillo
el viento
Leer a Bashó va más allá de un acto de lectura donde vamos a encontrar algo interesante. Leer a Bashó es entrar en un universo, tener la experiencia inmediata del conocimiento a través de la naturaleza.
Los que hemos vivido la naturaleza en la infancia podemos reconocer cada una de las sensaciones a pesar de la distancia entre los dos países y la diferencia temporal.
Bashó fue un peregrino del siglo XVII con toda la atención puesta en lo que iba viendo, la montaña, el mar, la primavera, el invierno, el pájaro, la rana, la flor, el árbol, la lluvia, el viento. No hay abstacción, no hay un cocepto elaborado después de una sensación, hay sensación, hay intuición sensible, reconocimiento de algo verdadero que simplemente se expresa contando lo que ocurre.
Vieja charca,
salta-plop-
una rana.
Lo curioso de estos haikus es que nos obligan a entrar en un concepto de naturaleza opuesta a la que tenemos actualmente. La idea de dominar la naturaleza, de destruirla y de querer salvarla no tiene nada que ver con el conocimiento intuitivo que tenemos de ella cuando la escuchamos, la observamos, la atendemos. Es increíble lo ridícula que parece esta postura de superioridad humana ante un acontecimiento que nos transmite pureza y un orden al que de alguna manera deberíamos pertenecer. ¿Por qué no buscar nuestro lugar en ese orden? Esa es la actitud del poeta, en este caso Bashó, pero la actitud de cualquier poeta, no imponer un pensamiento al margen, sino encontrar el significado que no puede recoger la razón.
Este libro es un ejemplo de la experiencia poética como experiencia intuitiva, no racional, con un significado no acotado, abierto pero increpante, sanador. La lectura exige vaciarnos para poder acceder a la mirada de verdad curiosa. En realidad, la pérdida de la mirada infantil, desde la que todos hemos vivido lo que Bashó describe, no es más que la pérdida de la curiosidad. Al niño no le queda más remedio que observar para saber donde ha caído, ¿cómo es posible que el mayor piense que ya lo sabe todo, que no tiene que mirar?
Rosa Burillo comenzó este trabajo de selección y traducción a raíz del interés de los autores norteamircanos por este tipo de poesía, por las imágenes sobrias, libres de calificación, expresivas en sí mismas. El correlato objetivo se puede entender mucho mejor después de esta lectura, aunque el valor de Bashó ha traspasado el interés literario, pocas veces estamos ante poemas que te colocan en un estado de conciencia al que se llega desde la inmediatez.
El lector perdido es una especie de quimera con la que sueñan editoriales, una posiblidad, un alguien que puede llegar a ser lector.
Sin embargo, el lector perdido es el que ya lee, pero que no se siente representado en las propuestas de la mesa de novedades.
Este es un espacio donde se recomiendan libros al margen del mercado, unas veces coincidirán y otras, no.
También es un espacio donde la lectura se entiende como un acto creativo.

