Dejo al final un link para leer un artículo de Shklovsky, teórico de literatura, escrito en 1917. Lo interesante de este artículo es la idea de que la literatura nos devuelve las cosas perdidas en nuestra vida autómata.
La idea de la literatura como experiencia, no como representación de la realidad, no como un conjunto de frases que referencian a las ideas y conceptos ya establecidos en nuestra cabeza, me parece fundamental como una premisa para entrar a leer una obra literaria.
Y Schoklovsky habla de esta posibilidad de hacernos conscientes del mundo a través de la literatura. Tomando un fragmento de las memorias de Tolstoy donde reflexiona sobre esos momentos en los que uno realiza una acción de manera inconsciente, nos introduce en el fenómeno de la consciencia.
Dice Tolstoy:
“Yo estaba limpiando una habitación, perdido en pensamientos, llegué al diván y no podía
acordarme si lo había limpiado o no. Como esos actos son habituales e
inconscientes no podía acordarme y tenía la impresión de que era imposible hacerlo. Por
lo tanto, si lo había limpiado y me había olvidado, es decir, si había actuado inconscientemente, era
exactamente igual que si no lo hubiera hecho. Si alguien consciente me hubiera estado observando, se podría
establecer el hecho, pero si nadie lo había visto o alguien lo hubiera visto inconscientemente, si la totalidad de una vida compleja de mucha gente se desarrolla inconscientemente, es como si esa vida no hubiera
existido”.
Habituarnos a las cosas, dice Shklovsky, a los muebles, a nuestras mujeres o maridos, o incluso al miedo a la guerra nos lleva a esa vida inexistente y es el arte el que nos devuelve la sensación de vida. Existe para hacernos sentir las cosas, “para hacer a la piedra, pétrea”. El propósito del arte es transmitir la sensación de las cosas como percibidas no como conocidas.
Es una buena forma de contar que la literatura es una experiencia vital. Shklovsky vuelve a Tólstoy para explicar cómo utiliza la técnica de desfamiliarizar, de limpiar los objetos del automatismo de la percepción. Convertir en extraño lo familiar, obligar a ver las cosas de una forma que nunca las hemos visto significa para el lector entrar en un texto que implica una dificultad, la de salir de nuestro propio automatismo. En un momento en el que la literatura esta pensada para dar placer y entretener reforzando nuestro automatismo, esta reflexión interesa.
Tolstóy se fija en la forma de azotar a los delincuentes y se pregunta por qué no herir de otra manera, por qué dar latigazos en el trasero. En ese momento nadie reparaba en este tipo de castigo porque estaban demasiado familiarizados con él. También describe batallas enteras como si nunca fueran vistas para dar a conocer la guerra, para no saber sobre ella, sino verla. Ahora mismo nos asombramos de nuestra indiferencia ante el hambre, la guerra, la violencia, la injusticia… Evidentemente somos unos inconscientes, si fuésemos capaces de verlo, no de valorarlo o entenderlo conceptualmente, sino de verlo, nos haríamos conscientes. Esa puede ser una buena razón para leer, liberarnos de nuestros tópicos, del automatismo de nuestra mirada.
Sin embargo, el problema viene a la hora de decidir qué leer en un momento donde el circuito literario está dirigido no por la idea de la literatura como experiencia, que sin duda lleva implícita la consciencia, sino por la idea de la lectura como entretenimiento, es decir, una forma de alimentar la inconsciencia.
El lector perdido es una especie de quimera con la que sueñan editoriales, una posiblidad, un alguien que puede llegar a ser lector.
Sin embargo, el lector perdido es el que ya lee, pero que no se siente representado en las propuestas de la mesa de novedades.
Este es un espacio donde se recomiendan libros al margen del mercado, unas veces coincidirán y otras, no.
También es un espacio donde la lectura se entiende como un acto creativo.


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Visto desde ahí, leer incluso puede ser práctico. Pero quién quiere ser consciente? Es una locura, si se piensa. Personalmente, yo siempre había visto la lectura como una forma de huir del horror del mundo, siempre ha sido una forma de arroparme.
El arte, en cualquiera de sus formas, modifica nuestra percepción de la realidad, y cuando volvemos a nuestro automatismo ya hemos añadido una experiencia más a nuestras vidas, porque modificar nuestra percepción de las cosas también significa modificarnos como individuos,incorporamos una experiencia que amplia nuestra capacidad de obrar y comprender, nos enriquece y ensancha el alma.
¿ De que me suena esto ?