CONSUMIR LIBROS O LEER

by Silvia Bardelás on April 27, 2012

Tengo varias referencias de la palabra consumo que me resultan igual de interesantes. Una, mi abuela diciendo fulanita está consumida. Hace referencia a alguien que se ha devorado a sí misma en dolor, ya sin fuerzas para hablar o con nada que contar y con el cuerpo reducido a la mitad, como si fuese desapareciendo literalmente, sin dejar ni una partícula suelta. Otra, Hanna Arendt cuando habla de que el hombre actual le da al hecho de vivir el valor más alto y no puede hacer otra cosa más que consumir. Las cosas están para usarlas con el objetivo de construir un mundo en el que podamos ser más libres, pero ahora las cosas son bienes de consumo, se devoran, se engullen, se zampan. Si mezclo las dos referencias, pienso en la consumición de un bar, en que llamen consumición a tomar una bebida. Está claro que piensan en ella como un liquido a tragar y hacer desaparecer. No tiene nada que ver la palabra copa con la palabra consumición. El espíritu de sorber la noche y hacerla desaparecer está también ahí. Y ahora entiendo también las lecturas de mil páginas de un best seller, consumir lectura. ¿Qué queda después de un best seller? Consumir, hacer desaparecer, matar cincuenta hojas al día lo más rápido posible, al ritmo de la media hora de metro, a su vez consumiendo, matando, la media hora de metro. ¿Quién puede pensar hoy en día en LEER una NOVELA de mil páginas? Leer sin comer las páginas, más bien pidiendo permiso para entrar, manteniendo el tipo en ellas, pensando en una frase, repitiendo una descripción, relacionando un diálogo con otro de diez capítulos atrás, sintiendo una punzada por algo que hemos hecho y que está ahí, observando que hay un mundo entero que desconocemos… Quiero una novela de las que lees durante tres meses y no quieres dejar nunca. Me lo comentaba una lectora el otro día. Hablamos de volver cada noche al mismo sitio, exactamente el mismo, con un mínimo movimiento que puede llevar una semana de lectura, con un hombre o una mujer que viven en el tiempo y el espacio, el mismo que nosotros. Uno de esos libros que tendrías que volver a leer, que no sólo no lo has matado sino que le has dado vida para siempre. (Cursi pero real). El otro día me hablaban de un autor conocido que tiene mucho éxito a nivel mundial. Me pregunté por qué no me gustaba y me respondí que no me acordaba de nada de lo que había leído. Había consumido los dos libros que leí. Me había tragado las palabras. Creo que esta es una buena forma de cribar buenos y malos libros, ¿Me acuerdo de algo dos años más tarde? ¿Todavía siento su lectura veinte años después? Un ejemplo, Los Demonios de Dostoyevski. Lo llevé a la playa durante dos meses, tenía dieciséis años. Recuerdo la oscuridad total como ambiente, la salida de un hombre de una casa, las conversaciones interminables, el significado de ser honesto, lo clandestino, la duda, la falta de certeza que a esa edad era nuevo para mí. No me acuerdo de la trama ni de los nombres de los personajes, pero estos conceptos los tengo para siempre y además, la arena quemaba, una niña de mi edad no leía y bajaba con un pato, las hojas del libro se despegaban y tenía que correr detrás y volver a ordenarlas, las madres se quejaban de nuestros planes nocturnos sin moverse de sus sillas y el agua estaba maravillosamente helada y transparente con el infinito en el horizonte. Puedo volver a vivir esa escena perfectamente con cada una de las sensaciones. Creo que no podría mantenerla así si no fuera por la sensibilidad a la que me abría esa lectura. La intensidad es exactamente lo contrario de la consumición. Por cada cosa nueva que sabes se abre una posibilidad infinita de cosas nuevas por saber y el agua y el infinito de ese momento después de la lectura toman una nueva dimensión, se hacen más reales. Esa es la intensidad que abre a nuevas experiencias. La consumición de libros tiene exactamente el efecto contrario, el entretenimiento es una especie de marcha atrás. Cuando terminas de entretenerte no sólo olvidas el objeto consumido, sino todo lo que no habías entendido durante el día que te ha movido a buscar el entretenimiento. Evitas el esfuerzo de pensar para seguir repitiendo siempre lo mismo y acabar aburrido de tener siempre lo mismo y buscar entretenerse para no pensar y consumir un libro…

No hay que olvidar que ya se aceptan expresiones como la industria del libro, el consumo de libros. No hay que olvidar las imágenes de gente esperando a que abran la puerta de un gran almacén para comprar el último volumen de una saga. No hay que olvidar que esos autores tienen autoridad sobre sus lectores. Están dispuestos a escucharlos, a que les dén más, a seguir consumiendo palabras que aseguren que nada va a cambiar. Quizás, de todas las consumiciones, quitando la de humanos, esta es la más punzante.

Foster Wallace hablando sobre la literatura comercial y la literatura como una forma de romper con la comodidad:

Foster Wallace on comercial literature and reading

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1 Antonio Misas April 27, 2012 at 21:25

Explicas perfectamente la diferencia, que no es nueva. Cada vez tiene más adeptos que “enriquecen” su vida social con esto de las sagas convirtiéndolo en un filón para la “industria del libro”, que además, (tampoco es nuevo) es un motor de la otra “industria”, la del cine con sus guiones adaptados; Consumen estos Best Sellers, comentan por los smartphones y las redes sociales cada día los avances de ese banquete con sus amigos y grupos afines, y más tarde van al cine y ven el “éxito de taquilla”, que vuelven a comentar de la misma forma. No creo que olviden nunca la película ni lo que les unió una vez a otros.

Supongo que además vamos consumiéndonos sin remedio en esto del consumo. Consumimos cosas y palabras sin diferencia, en una vorágine mediática y publicitaria que nos orienta, dirige y educa hacia un orden, a un consumo previamente estudiado y firmemente establecido, sin posibilidad ya de prescindir de este hábito en el mundo en que vivimos.

Puede que haya algo de bueno en esto de la crisis, en esto de empobrecernos por fuera. Puede que igual recuperemos algunas de las cosas perdidas…

Yo leí en verano “Bajo el Volcán”, hace 25 años, también en la playa. Las sensaciones tremendas, las conservo junto a algunas escenas y el terrible sufrimiento de aquel tipo.

Saludos

2 Kim May 29, 2012 at 22:25

Flaubert dedicaba una hora cada día en releer a los clásicos: Ronsard, Rabelais, Montaigne, Horacio pero sobre todo el Quijote que descubrió de niño y “que conocía de memoria antes de saber leer”. A eso me han hecho pensar tus líneas.

¿Por qué releer? -preguntarían hoy en día- ¡Pero si ya lo has leído! La relectura parece ilógico en los tiempos que corren. Sin embargo releer también quiere decir leer de nuevo, incluso leer diferente. Borges también releía sin cesar, y estamos hablando de dos autores que lograron una prosa incomparable en la que cada palabra iba sopesada.

Además leer nuevamente es lo que le da sentido a una biblioteca. Una biblioteca tiene que vivir, y para vivir tiene que consultarse a diario. Libros dentro, libros fuera. No hay nada más triste que una biblioteca-pared.

Destaco tu frase: “Leer sin comer las páginas, más bien pidiendo permiso para entrar, manteniendo el tipo en ellas, pensando en una frase, repitiendo una descripción, relacionando un diálogo con otro de diez capítulos atrás, sintiendo una punzada por algo que hemos hecho y que está ahí, observando que hay un mundo entero que desconocemos…” Esa es la lectura que a mí también me gusta.

La hora de metro es a menudo una hora para matar. Sin embargo para algunos es un momento sagrado, un momento dedicado al placer de la lectura, sobre todo cuando las ocupaciones diarias nos mantienen por desgracia tan lejos de ella.

Dicho esto, no soy quien para criticar la lectura de unos y otros, de tal o tal obra. Siempre quedará buena literatura, por mucha sociedad de consumo en la que nos encontremos.

Desde que te leo -es decir, desde hace bien poco- pienso que tienes una voz siempre muy reconocible, y tu blog es muy bueno y coherente. No quiero tirar un piropo porque sí, pero siempre es agradable decir y que te digan esto.

No sé cómo conseguís leer en la playa, jamás lo he logrado!

Nos vemos

3 Elmtree September 20, 2012 at 10:25

“¿Qué es la literatura, y por qué intento escribir sobre ello? No lo sé. Del mismo modo, la mayoría de las veces tampoco sé por qué sigo viviendo. Pero este no-saber es precisamente lo que deseo preservar. Como lectores, proteger esa indeterminación es el mejor modo de involucrarnos activamente con una obra literaria, para así regresar a nosotros mismos y también a un lugar que impida el pleno reconocimiento. En realidad, cuando estoy leyendo, lo único que quiero es sentirme maravillado frente a un objeto desconocido que está en desacuerdo con el mundo”.
David Winters, entrevistado por Alec Niedenthal en HTML Giant.
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“What is literature, and why do I try to write about it? I don’t know. Likewise, I don’t know why I go on living, most of the time. But this not knowing is precisely what I want to preserve. As readers, the closest way we can engage with a literary work is to protect its indeterminacy; to return ourselves and it to a place that precludes complete recognition. Really, when I’m reading, all I want is to stand amazed in front of an unknown object at odds with the world.”
David Winters, interviewed by Alec Niedenthal at HTML Giant.

http://htmlgiant.com/author-spotlight/literature-materialism-and-the-present-conjuncture-an-interview-with-david-winters/

4 Luis Javier October 25, 2012 at 02:08

Hola. Se me vinieron dos imagenes tras leerte. La primera, Maquiavelo, en el exilio, colocándose levita antes de leer en las noches. La segunda, los festines romanos y los vomitorios. Saludos.

5 Elmtree June 4, 2013 at 06:24

Entonces se trataría a los libros como amigos, se tendría un tiempo reservado para ellos, un cierto tiempo que se deslizaría regular y dócilmente, no más largo que el que se les quisiera consagrar. Naturalmente ciertos libros tocarían más de cerca y no está dicho que se estuviera siempre seguro de no perder de vez en cuando media hora destinada a un paseo, a una cita, a un estreno teatral, o a una carta urgente.
Rainer Maria Rilke, ‘Los cuadernos de Malte Laurids Brigge’.

Dann würde man mit Büchern umgehen wie mit Bekannten, es würde Zeit dafür dasein, eine bestimmte, gleichmäßig und gefällig vergehende Zeit, gerade so viel, als einem eben paßte. Natürlich würden einzelne einem näher stehen, und es ist nicht gesagt, daß man davor sicher sein würde, ab und zu eine halbe Stunde über ihnen zu versäumen: einen Spaziergang, eine Verabredung, den Anfang im Theater oder einen dringenden Brief.
Rainer Maria Rilke, Die Aufzeichnungen des Malte Laurids Brigge.

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