Carrera de relevos de ciencia y pensamiento

by Silvia Bardelás on January 15, 2015

¿Por qué esa separación tajante entre ciencia y pensamiento? ¿Cómo podríamos unir estas dos tendencias de conocimiento que separadas no tienen verdadero poder? En realidad el problema viene de un menosprecio del pensamiento, me niego a llamarlo humanidades, letras o absurdos de ese estilo. La razón todopoderosa de la Edad Moderna decidió que sólo la ciencia, en tanto que tenía capacidad de demostrar sus teorías era válida como conocimiento. El pensamiento quedó poco a poco relegado a adorno desde la ciencia, mientras que él mismo se dedicaba a justificarse y a pensar en su validez.

En todo ese tiempo, la ciencia mandó sobre todas las cosas, de manera que los objetos que resultaban de sus investigaciones cambiaban el mundo sin que nadie pusiera ninguna objeción o pensara en las posibilidades de su desarrollo:si descubrimos la fisión, lo mejor es fabricar una bomba atómica. Pero aparece otra época que podríamos llamar postmoderna por ahora, y la ciencia, con sus experimentos y teorías, se da cuenta de que las emociones y los pensamientos tienen poder físico. Un pensamiento puede provocar una tormenta eléctrica en el cerebro, por ejemplo y una emoción repetida crear una enfermedad. ¿Qué sabe la ciencia de esos pensamientos y emociones? ¿Puede ser que que ahora la ciencia necesite del pensamiento en todas sus variedades para avanzar en sus teorías?

Pero lo más importante no es la necesidad que la ciencia pueda tener del pensamiento para mejorar su investigación, lo más importante es que el científico desarrolla investigaciones de carácter físico y llega a hechos que ya no son físicos, sino que necesitan ser pensados. La ciencia se para en los hechos: hay una influencia del pensamiento y la emoción en el cuerpo, el cerebro reacciona a tal y cual cosa, el clima está cambiando de esta y de esa otra forma, existen universos paralelos, etcétera, etcétera. Y esos hechos se quedan en el aire porque todos ellos transgreden de alguna forma esa razón todopoderosa que conformó la Edad Moderna, es decir, de qué sirven los hechos si no podemos relacionarlos con nuestras necesidades que sólo pueden conocerse desde el pensamiento. ¿Puede ser el momento para llamar al pensamiento a que le dé unas vueltas a estos asuntos? ¿O dejamos que esos descubrimientos científicos sólo tengan como consecuencia objetos tecnológicos que sigan cambiando el mundo sin rumbo? Nos pondremos todos los chips que hagan falta y seguiremos cada vez más separados del exterior y por lo tanto menos capaces de obrar y sentir hasta perder el sentido. ¿Está la ciencia al servicio del desarrollo humano en su totalidad o sólo a sus necesidades físicas creando entonces una raza diferente?

Propuesta: Estaría bien que en la universidad, los departamentos dedicados al pensamiento, no “las letras” ni “las humanidades” tomaran los hechos de la ciencia y le dieran unas vueltas. Eso plantearía necesidades que estimularían el camino científico hacia lugares seguro que muy interesantes.

Es increíble pensar en la fuente de los nombres. Llamar al pensamiento “letras” o “humanidades”, como si no hubiera una coherencia detrás de siglos de ideas que han ido cambiando el mundo, viene claramente de una intención de despreciar la opción vital de pensar, pero lo interesante no es esa intención, sino la aceptación de esa nomenclatura por parte de la comunidad de “pensantes”. Igual que hay ciencia hay pensamiento, igual que hay química, física, biología… hay gnoseología, filosofía de la naturaleza, estética, psicología, antropología… y deberían aparecer más puntos de vista sobre el conocimiento del mundo en las dos tendencias de la misma necesidad de saber.

Me imagino un futuro con seres humanos llenos de chips que potencian su capacidad perceptiva pero desde una inconsciencia absoluta, habiendo olvidado su condición humana y sin poder conectarse con el exterior. En realidad cuando imaginamos androides, los imaginamos desde la fantasía de nosotros mismos sin capacidad de pensar, dirigidos “ordenadamente” por un ordenador. A mí, personalmente, me interesa pensar sobre cómo mi relación con el exterior crea una tormenta eléctrica en mi cerebro. ¿El amor es eléctrico? ¿Cuánto tiempo lo llevan diciendo las canciones!

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